La una y dos colgando
Orlando Guillén
PALABRAS EN PIE DE NOTA
Con el año que comienza presenté formal denuncia
contra
EL AUTOR
En términos de
derecho, el crédito público a
Vengo entonces
ante usted, señor juez, a demandar a
La base 6 dice a
la letra:
Deberán suscribirse
con seudónimo y, en sobre separado y cerrado, adjunto al trabajo, se enviará la
identificación precisa del autor, con expresión de su domicilio y número de
teléfono en su caso.
La convocante
violó esta disposición en la parte que me atañe por cuanto el espíritu que la
anima se extiende en dos direcciones de derecho posibles: 1) garantir la
imparcialidad del jurado en el azar no remoto de que uno de sus miembros o
todos ellos eventualmente pudieran conocer y posiblemente favorecer a un
participante si los trabajos se enviasen, directamente, firmados con el nombre
del autor; y, 2) mantener la calidad incógnita e inédita de los convocatarios,
quienes de este modo ni son expuestos a una devaluación pública de su obra ni
se ven imposibilitados de participar en otros certámenes similares. Esto,
evidentemente, porque se toma en cuenta que, aun tratándose de un jurado
honesto y competente (que no es el caso), su decisión se asume siempre
arbitraria por unilateral: no puede ser de otra manera, por lo demás, puesto
que el criterio es subjetivo invariablemente (el propio gusto, la corriente
estética afín, verbigracia), y objetivo sólo por cualidad, por excepción y por
excepcionalidad.
Al revelar la
autoría de mi inédito recomendándolo para su publicación y al hacer esto del
conocimiento público (unomásuno, 26 de octubre de 1983), el jurado violó
en mi daño y en mi perjuicio el espíritu de la base 6 en el que es pertinente
aquí de sus dos sentidos, y se izó contra la base 14 que lo facultaba
estrictamente para otorgar un premio único e indivisible –consistente en 250
mil pesos y diploma. Incuestionablemente en la oportunidad se extralimitó en
sus funciones, pues carecía de atribuciones legales para recomendar la
publicación de libro alguno, conforme a la convocatoria. En este sentido, no
puede alegarse que se trata de un “caso no previsto”, pues la base 14 estipula
exacta y precisamente la longitud de alcance del juicio del jurado.
La publicación de
la autoría de mi inédito lesiona en dos vertientes mis intereses: 1) me
perjudica al demeritarlo públicamente por cuanto a contrario sensu cabe
entender que mi libro carece de “unidad orgánica”, de “voluntad de forma”, de
“escritura singular y original”, de “sentido del ritmo”, y de “alto dominio del
oficio poético”, razones a que se atuvo el jurado para premiar a quien premió (unomásuno,
nota citada); 2) me daña, por cuanto me impide participar con él en otros
certámenes, tanto o mejor dotados que éste, y me fuerza a su publicación para
que corra la suerte que a los ojos de los lectores de poesía en justicia le
corresponda.
Finalmente, la
convocatoria violó la base número 7, según la cual la institución se obligaba a
nombrar como jurados a prestigiados poetas. A quienes nombró fue a los señores
Juan Bañuelos, Carlos Illescas y Armando Adame. También de acuerdo con la
convocatoria su fallo es inapelable. Pero de ningún modo lo es su competencia
para dirimir en términos de poesía: el prestigio verdadero de un poeta por el
espíritu de aquella cláusula se entiende garante de honestidad, y de
sindéresis.
Si la fama pública
fuera el criterio para validar el prestigio y la condición de poeta de alguien,
Juan Bañuelos fuera un poeta prestigiado. Yo voy a demostrar aquí que amasó esa
fortuna literaria con el oro poético de los demás. Inminencia y eminencia: voy
a demostrar entonces que el de este ciudadano es un falso prestigio.
La historia de
Bañuelos es una larga historia de infamias. Su primer libro, Puertas del
mundo (volumen colectivo La espiga amotinada, Fondo de Cultura Económica,
México, 1960), se alza poético como resultado del saqueo y de la usura
sistemáticos contra el poeta lituano Óscar Wladislas de Lubicz Milosz
(1870-1939). En 1959 había aparecido en Buenos Aires, Argentina, en la
colección Los poetas (dirigida por Aldo Pelligrini) de
Bañuelos, p. 42:
Y me hallé solo en la mansión que tú no conociste,
allá en el fondo de los parques y los espesos bosques
donde las aves segadas por la aurora
cantaban quedamente el amor de los muertos más
antiguos
sobre el rocío gris de la mañana.
Milosz, p. 70:
Y yo estaba solo en la mansión que tú no conociste,
la mansión de la infancia, la muda, la sombría
mansión,
allá en el fondo de los espesos parques donde el
pájaro
(transido
del amanecer
quedamente cantaba por el amor de los muertos muy
antiguos,
sobre el rocío oscuro.
Bañuelos, p. 54:
¡Oh hambre de eternidad!
Milosz, p. 44:
¡Oh lágrimas! ¡Oh hambre de eternidad! ¡Oh júbilo!
Bañuelos, p. 55:
y no sé si noviembre sepulta el paisaje.
Claro que no.
Quien lo sabía era Milosz (p. 19):
Noviembre sepulta el paisaje. Y mi vida.
Y sepulta también
a los saqueadores de tumbas. Un último ejemplo: Bañuelos, p. 56:
La rueda de pavor giró dentro de mí, la locura sopló
las velas del conocimiento y en el último escalón, sudor de muro destiló mi
frente. Ahora vago sobre un planeta que ya no reconozco.
Milosz, páginas
115/116/117:
Acabo de describir la ascensión hacia el conocimiento
(…)
¡Ascender primero --sacrílegamente-- hasta la más
demente
(de las
afirmaciones!
Y luego descender de escalón en escalón (…)
Llevé sobre mi pecho el peso de la noche; mi frente
destiló un
(sudor
de muro.
Giré en torno de la rueda del pavor de los que parten
y regresan.
Tú me has hecho nacer en un mundo que ya no te reconoce;
sobre
(un
planeta de hierro y de arcilla, desnudo y frío.
Pero el asesino
vuelve siempre al lugar del crimen. Bañuelos ganó en 1968 el premio nacional de
poesía de Aguascalientes 1968 con Espejo humeante (editorial Joaquín
Mortiz, ese mismo año). Apretado entre los muertos que este libro despoja,
Milosz también se ve ahí convocado. Ilustre e ilustrativo sea este ejemplo (p.
27):
allá en el fondo de los espesos bosques.
[En 1968
igualmente, Bañuelos publicó (suplemento de la revista Siempre!, 13 de
noviembre) No consta en actas (pero ahora sí va a contar), texto que
comienza así:
¡Oh bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas ahora?
verso que, salvo los ciegos, cualquier alfabeto con el
hipérbaton en la mano puede leer literalmente en el Canto de nuestro señor
el desollado bebedor de la noche (Xippe Totec Yohuallana) del volumen Poesía
indígena, vertida, seleccionada e introducida por Ángel María Garibay
--publicado por
Oh bebedor de la noche, ¿por qué ahora te disfrazas?]
Pero el asesino
vuelve siempre al lugar del crimen. El último libro publicado por Bañuelos es Destino
arbitrario (título que sustrae al poeta francés Robert Desnos --si bien lo
consigna epigráficamente en algún interior), Ediciones Papeles Privados,
México, 1982. Véase: Bañuelos, p. 20:
y he
visto el ojo
de la mujer estéril buscando con furor.
Milosz, p. 119:
Yo he buscado como la mujer estéril, con angustia, con
furor.
Bañuelos, p. 24:
No es el azar, tampoco el tiempo
reunido como las vísceras bajo la mano del carnicero.
No es el azar, en
efecto, tampoco el tiempo: es Milosz (p. 126):
Todo, todo en mí era desgarramiento. Como las entrañas
bruscamente reunidas bajo la mano del carnicero, todo
en mí era desgarramiento.
En efecto, digo,
pero Milosz se defiende solo:
1) Los vocablos
del lenguaje de los Aaronitas son profanados por los niños mentirosos y los
poetas ignorantes. (p. 114)
2) Los otros,
los ladrones de dolor y de dicha, de ciencia y de dolor, nada comprenderán de
estas cosas. (p. 111)
3) ¿Qué saben
de mí estos castrados? Caro les hago pagar el goce de mi perfume. (p. 45)
Pero el asesino
vuelve siempre al lugar del crimen. Bañuelos acogía su primer libro al
siguiente epígrafe de Hölderlin (p. 21):
¿Qué sería el cielo y qué sería el mar
Y qué serían las islas y los astros y todo lo que se
halla
Ante los ojos de los hombres, y qué sería también
Esta música muerta de la lira, si yo no le diese el
sonido
Y el lenguaje y el alma? ¿Qué son
Los dioses y su espíritu, si yo
No los proclamo? Pues bien, decidme ¿quién soy yo?
En Destino
arbitrario (páginas 14/15) prefirió darlo por suyo:
qué sería esa música
muerta del espacio
si no la tañe el tiempo?
pero qué piedra?
pero qué agua?
pues bien
que alguien me diga
quién soy yo?
A pregunta
brillante, respuesta lúcida: un ladrón, un cazador agazapado e hipócrita de los
cantos ajenos.
Pero para
terminar, y dicho sea entre el smog del ser por el Espejo humeante
(p. 33)
¡Ah peste! En la quijada de un perro atropellado
escribo: ¡Basta!
El guatemalteco
Carlos Illescas llegó a México en 1944. Hasta 1954 fue diplomático. A partir de
ese año, el de la caída del gobierno democrático de Jacobo Arbenz, persiste
entre nosotros en calidad de asilado político –tal informa, sin el menor asomo
de xenofobia, la contraportada de su libro Manual de simios y otros poemas,
colección Poemas y ensayos, Universidad Nacional Autónoma de México,
1977.
Aunque ha
publicado seis y un libros de poemas es más conocido por sus actividades en la
burocracia académica, la radiodifusión y el hacer televisivo, que por aquéllos.
Nada más justo. Pretencioso, culterano, humorista involuntario, arcaico y
arcaízante, su lenguaje por rebuscado es oscuro y retorcido. A la flor del azar
arranco para muestra los pétalos que siguen:
Pretencioso:
Primero el silencio, en orden de importancia.
Es el estratego: General de generales omisos.
Después las cosas en su primer génesis despertándose
apenas, mediante el solo ojo anticipado
al tacto del guiño hacia perentorio cíclope.
(Manual
de simios, p. 20)
Culterano:
Viento es Rafael, inclinado montículo,
color de arena removida en cierne,
sus funiculares cargados de tiempo,
la premonición, brevedad de una alegría,
su risa cristalina instante en el ámbito
ya detenido el barco de lo previsible.
El niño crece en niño, aún sus ojos
trepidan imágenes obtenidas del mar
a las cuatro de la tarde: declinante hora
y ascenso de gaviotas tan aplanchada albura.
(Manual
de simios, p. 61)
Arcaico y
arcaízante:
Todo el libro Los
cuadernos de Marsias (Trazo, 1973), remedo retórico, esquelético y vacío
del habla alta y humanamente humeante de Marcial. También el gongoreo gangoso
del Manual de simios.
A confesión de
parte, todo su bagaje junto (Usted es la culpable, Katún, 1983, p. 9):
Por lo que arrastro de mí mismo
en cuanto illesquitud desorbitada
la gente no me quiere.
Usted, Amor,
es la primera.
¿Comprenderá la muchedumbre un día
cómo era Carlos diferente
a lo que todos se imaginan?
¿Descubrirán (¿será lo justo, Amor?)
que en orden de maldad y peores mañas
nadie a la fecha le ha ganado?
Por lo demás,
Usted lo sabe,
soy un cumplido caballero.
Remato con un
texto que vale por una obra (Manual de simios, p. 20):
Bostezo en seguimiento de instrumentos áfonos,
simulación de reprochables fanfarrias en sistros
y pífanos muertos sobre el polvillo momificado.
Armando Adame es
por sus méritos un desconocido en la literatura nacional. Mas una paciente
pesquisa rindió sus frutos podridos. La fuente: un lóbrego bodegón de las
calles de Dinamarca de la ciudad de México, donde se localizan no menos
tétricas ciertas oficinas del Instituto Nacional de Bellas Artes. La corrupción
administrativa de la inteligencia lo registra en sus nóminas con el carácter de
coordinador del taller literario de
Antes (tiempos
aquellos de Donoso Pareja) en la colección de abominables hidalguías literarias
Tierra adentro, había publicado el que al parecer es su primer y único
libro expuesto a la curiosidad lectora del presente y a la voracidad nocturna
de la posteridad: Era más noche que lo que tiene el día (1980). Por la
desorganización campeante en ese antro cultural, no me fue posible conseguir un
ejemplar que, naturalmente, me había ya resignado a pagar por ver. Por ello,
los ejemplos de que echo mano proceden de la revista Tierra adentro
(número 30, abril-junio de 1982) que allí también se edita, y se comercia.
Tiro por viaje:
1) Como lo sabe
todo coordinador de talleres literarios avezado, fondo y forma de un poema son
inseparables por naturaleza. Así, cumple una retórica de pareja donosura hueca
a la oquedad que sueña Onán, el Caballero Solo de
El amante imperfecto espera el alba
para reencontrar la pequeña soledad.
El espacio del sueño se llena de viajeros
sorprendido por la noche en medio de luz muerta
y entre residuos de hambres tristes.
2) No importa que
las mujeres sean estériles. Ellas darán a luz cuando dé a luz el Poeta
Coordinador:
El viajero dice con su escritura
la fatiga implantada en mujeres estériles
secas de partos secas de ternuras
3) Onán el
Coordinador busca auxilio para las tristes causas de la noche:
Las huidizas mujeres de los amaneceres
las mujeres angustia que se pierden
de la posible noche con la tranquila grupa
mordida por la ciencia del viajero varado.
Sale y vale.
Por lo anteriormente expuesto, solicito a usted
condene a la parte convocante a 1) la reparación del daño que se me ha
infligido, y 2) la indemnización por perjuicios.
1) Sin crédito
alguno para ella y con mis derechos de autor a salvo, dentro de un plazo no
mayor de un año y en una editorial neutral y prestigiada,