La una y dos colgando

 

                                                     Orlando Guillén

 

 

PALABRAS EN PIE DE NOTA

 

Con el año que comienza presenté formal denuncia contra la Universidad Autónoma de Zacatecas por daños y perjuicios, ante el C. Juez de Primera Instancia correspondiente. Pruebo en ella violaciones a distintas bases de la convocatoria al Premio Nacional de Poesía 1983. Sin los formulismos legales que en aquel documento son de rigor, reproduzco aquí la parte medular.

 

                                                           EL AUTOR

 

 

 

La Universidad Autónoma de Zacatecas convocó públicamente al Premio Nacional de Poesía 1983. Al corriente de los requisitos para ello, y dentro del plazo de admisión establecido, envié a ese certamen mi libro Rey de bastos, amparado por el seudónimo Lord Ano, vagoroso anagrama de mi nombre.

En términos de derecho, el crédito público a la Universidad Autónoma de Zacatecas por parte de los escritores convierte a ésta en convocante, y a éstos en la tesitura legal de convocatarios. Así se genera un contrato civil sui generis por el cual ambas partes se obligan a actuar en consonancia con lo dispuesto por las bases de la convocatoria respectiva.

Vengo entonces ante usted, señor juez, a demandar a la Universidad Autónoma de Zacatecas y/o a quienes resulten responsables, por cuanto en su calidad de convocante violó las bases 6, 7 y 14 de la convocatoria en mi daño y perjuicio.

La base 6 dice a la letra:

Deberán suscribirse con seudónimo y, en sobre separado y cerrado, adjunto al trabajo, se enviará la identificación precisa del autor, con expresión de su domicilio y número de teléfono en su caso.

La convocante violó esta disposición en la parte que me atañe por cuanto el espíritu que la anima se extiende en dos direcciones de derecho posibles: 1) garantir la imparcialidad del jurado en el azar no remoto de que uno de sus miembros o todos ellos eventualmente pudieran conocer y posiblemente favorecer a un participante si los trabajos se enviasen, directamente, firmados con el nombre del autor; y, 2) mantener la calidad incógnita e inédita de los convocatarios, quienes de este modo ni son expuestos a una devaluación pública de su obra ni se ven imposibilitados de participar en otros certámenes similares. Esto, evidentemente, porque se toma en cuenta que, aun tratándose de un jurado honesto y competente (que no es el caso), su decisión se asume siempre arbitraria por unilateral: no puede ser de otra manera, por lo demás, puesto que el criterio es subjetivo invariablemente (el propio gusto, la corriente estética afín, verbigracia), y objetivo sólo por cualidad, por excepción y por excepcionalidad.

Al revelar la autoría de mi inédito recomendándolo para su publicación y al hacer esto del conocimiento público (unomásuno, 26 de octubre de 1983), el jurado violó en mi daño y en mi perjuicio el espíritu de la base 6 en el que es pertinente aquí de sus dos sentidos, y se izó contra la base 14 que lo facultaba estrictamente para otorgar un premio único e indivisible –consistente en 250 mil pesos y diploma. Incuestionablemente en la oportunidad se extralimitó en sus funciones, pues carecía de atribuciones legales para recomendar la publicación de libro alguno, conforme a la convocatoria. En este sentido, no puede alegarse que se trata de un “caso no previsto”, pues la base 14 estipula exacta y precisamente la longitud de alcance del juicio del jurado.

La publicación de la autoría de mi inédito lesiona en dos vertientes mis intereses: 1) me perjudica al demeritarlo públicamente por cuanto a contrario sensu cabe entender que mi libro carece de “unidad orgánica”, de “voluntad de forma”, de “escritura singular y original”, de “sentido del ritmo”, y de “alto dominio del oficio poético”, razones a que se atuvo el jurado para premiar a quien premió (unomásuno, nota citada); 2) me daña, por cuanto me impide participar con él en otros certámenes, tanto o mejor dotados que éste, y me fuerza a su publicación para que corra la suerte que a los ojos de los lectores de poesía en justicia le corresponda.

Finalmente, la convocatoria violó la base número 7, según la cual la institución se obligaba a nombrar como jurados a prestigiados poetas. A quienes nombró fue a los señores Juan Bañuelos, Carlos Illescas y Armando Adame. También de acuerdo con la convocatoria su fallo es inapelable. Pero de ningún modo lo es su competencia para dirimir en términos de poesía: el prestigio verdadero de un poeta por el espíritu de aquella cláusula se entiende garante de honestidad, y de sindéresis.

Si la fama pública fuera el criterio para validar el prestigio y la condición de poeta de alguien, Juan Bañuelos fuera un poeta prestigiado. Yo voy a demostrar aquí que amasó esa fortuna literaria con el oro poético de los demás. Inminencia y eminencia: voy a demostrar entonces que el de este ciudadano es un falso prestigio.

La historia de Bañuelos es una larga historia de infamias. Su primer libro, Puertas del mundo (volumen colectivo La espiga amotinada, Fondo de Cultura Económica, México, 1960), se alza poético como resultado del saqueo y de la usura sistemáticos contra el poeta lituano Óscar Wladislas de Lubicz Milosz (1870-1939). En 1959 había aparecido en Buenos Aires, Argentina, en la colección Los poetas (dirigida por Aldo Pelligrini) de la Compañía General Fabril Editora, la Antología poética de Milosz, en versión de Lisandro Z. D. Galtier, miembro fundador de la Association Les Amis de Milosz. Las citas de páginas corresponderán, para Bañuelos, a la primera edición y, para Milosz, a la segunda (1961).

 

Bañuelos, p. 42:

 

Y me hallé solo en la mansión que tú no conociste,

allá en el fondo de los parques y los espesos bosques

donde las aves segadas por la aurora

cantaban quedamente el amor de los muertos más antiguos

sobre el rocío gris de la mañana.

 

Milosz, p. 70:

 

Y yo estaba solo en la mansión que tú no conociste,

la mansión de la infancia, la muda, la sombría mansión,

allá en el fondo de los espesos parques donde el pájaro

(transido del amanecer

quedamente cantaba por el amor de los muertos muy antiguos,

sobre el rocío oscuro.

 

Bañuelos, p. 54:

 

¡Oh hambre de eternidad!

 

Milosz, p. 44:

 

¡Oh lágrimas! ¡Oh hambre de eternidad! ¡Oh júbilo!

 

Bañuelos, p. 55:

 

y no sé si noviembre sepulta el paisaje.

 

Claro que no. Quien lo sabía era Milosz (p. 19):

 

Noviembre sepulta el paisaje. Y mi vida.

 

Y sepulta también a los saqueadores de tumbas. Un último ejemplo: Bañuelos, p. 56:

 

La rueda de pavor giró dentro de mí, la locura sopló las velas del conocimiento y en el último escalón, sudor de muro destiló mi frente. Ahora vago sobre un planeta que ya no reconozco.

 

Milosz, páginas 115/116/117:

 

Acabo de describir la ascensión hacia el conocimiento (…)

¡Ascender primero --sacrílegamente-- hasta la más demente

(de las afirmaciones!

Y luego descender de escalón en escalón (…)

Llevé sobre mi pecho el peso de la noche; mi frente destiló un

(sudor de muro.

Giré en torno de la rueda del pavor de los que parten y regresan.

Tú me has hecho nacer en un mundo que ya no te reconoce; sobre

(un planeta de hierro y de arcilla, desnudo y frío.

 

Pero el asesino vuelve siempre al lugar del crimen. Bañuelos ganó en 1968 el premio nacional de poesía de Aguascalientes 1968 con Espejo humeante (editorial Joaquín Mortiz, ese mismo año). Apretado entre los muertos que este libro despoja, Milosz también se ve ahí convocado. Ilustre e ilustrativo sea este ejemplo (p. 27):

 

allá en el fondo de los espesos bosques.

 

[En 1968 igualmente, Bañuelos publicó (suplemento de la revista Siempre!, 13 de noviembre) No consta en actas (pero ahora sí va a contar), texto que comienza así:

 

¡Oh bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas ahora?

 

verso que, salvo los ciegos, cualquier alfabeto con el hipérbaton en la mano puede leer literalmente en el Canto de nuestro señor el desollado bebedor de la noche (Xippe Totec Yohuallana) del volumen Poesía indígena, vertida, seleccionada e introducida por Ángel María Garibay --publicado por la Biblioteca del Estudiante Universitario, Universidad Nacional Autónoma de México (p.15 de la tercera edición, 1962). De ahí, y a mayor abundamiento, lo tomo para reproducir:

 

Oh bebedor de la noche, ¿por qué ahora te disfrazas?]

 

Pero el asesino vuelve siempre al lugar del crimen. El último libro publicado por Bañuelos es Destino arbitrario (título que sustrae al poeta francés Robert Desnos --si bien lo consigna epigráficamente en algún interior), Ediciones Papeles Privados, México, 1982. Véase: Bañuelos, p. 20:

 

y he visto el ojo

de la mujer estéril buscando con furor.

 

Milosz, p. 119:

 

Yo he buscado como la mujer estéril, con angustia, con furor.

 

Bañuelos, p. 24:

 

No es el azar, tampoco el tiempo

reunido como las vísceras bajo la mano del carnicero.

 

No es el azar, en efecto, tampoco el tiempo: es Milosz (p. 126):

 

Todo, todo en mí era desgarramiento. Como las entrañas

bruscamente reunidas bajo la mano del carnicero, todo

en mí era desgarramiento.

 

En efecto, digo, pero Milosz se defiende solo:

 

1) Los vocablos del lenguaje de los Aaronitas son profanados por los niños mentirosos y los poetas ignorantes. (p. 114)

 

2) Los otros, los ladrones de dolor y de dicha, de ciencia y de dolor, nada comprenderán de estas cosas. (p. 111)

 

3) ¿Qué saben de mí estos castrados? Caro les hago pagar el goce de mi perfume. (p. 45)

 

Pero el asesino vuelve siempre al lugar del crimen. Bañuelos acogía su primer libro al siguiente epígrafe de Hölderlin (p. 21):

 

¿Qué sería el cielo y qué sería el mar

Y qué serían las islas y los astros y todo lo que se halla

Ante los ojos de los hombres, y qué sería también

Esta música muerta de la lira, si yo no le diese el sonido

Y el lenguaje y el alma? ¿Qué son

Los dioses y su espíritu, si yo

No los proclamo? Pues bien, decidme ¿quién soy yo?

 

En Destino arbitrario (páginas 14/15) prefirió darlo por suyo:

 

qué sería esa música

muerta del espacio

si no la tañe el tiempo?

pero qué piedra?

pero qué agua?

pues bien

que alguien me diga

quién soy yo?

 

A pregunta brillante, respuesta lúcida: un ladrón, un cazador agazapado e hipócrita de los cantos ajenos.

 

Pero para terminar, y dicho sea entre el smog del ser por el Espejo humeante (p. 33)

 

¡Ah peste! En la quijada de un perro atropellado

escribo: ¡Basta!

 

El guatemalteco Carlos Illescas llegó a México en 1944. Hasta 1954 fue diplomático. A partir de ese año, el de la caída del gobierno democrático de Jacobo Arbenz, persiste entre nosotros en calidad de asilado político –tal informa, sin el menor asomo de xenofobia, la contraportada de su libro Manual de simios y otros poemas, colección Poemas y ensayos, Universidad Nacional Autónoma de México, 1977.

Aunque ha publicado seis y un libros de poemas es más conocido por sus actividades en la burocracia académica, la radiodifusión y el hacer televisivo, que por aquéllos. Nada más justo. Pretencioso, culterano, humorista involuntario, arcaico y arcaízante, su lenguaje por rebuscado es oscuro y retorcido. A la flor del azar arranco para muestra los pétalos que siguen:

 

Pretencioso:

Primero el silencio, en orden de importancia.

Es el estratego: General de generales omisos.

Después las cosas en su primer génesis despertándose

apenas, mediante el solo ojo anticipado

al tacto del guiño hacia perentorio cíclope.

(Manual de simios, p. 20)

 

Culterano:

Viento es Rafael, inclinado montículo,

color de arena removida en cierne,

sus funiculares cargados de tiempo,

la premonición, brevedad de una alegría,

su risa cristalina instante en el ámbito

ya detenido el barco de lo previsible.

El niño crece en niño, aún sus ojos

trepidan imágenes obtenidas del mar

a las cuatro de la tarde: declinante hora

y ascenso de gaviotas tan aplanchada albura.

(Manual de simios, p. 61)

 

Arcaico y arcaízante:

Todo el libro Los cuadernos de Marsias (Trazo, 1973), remedo retórico, esquelético y vacío del habla alta y humanamente humeante de Marcial. También el gongoreo gangoso del Manual de simios.

A confesión de parte, todo su bagaje junto (Usted es la culpable, Katún, 1983, p. 9):

 

Por lo que arrastro de mí mismo

en cuanto illesquitud desorbitada

la gente no me quiere.

Usted, Amor,

es la primera.

¿Comprenderá la muchedumbre un día

cómo era Carlos diferente

a lo que todos se imaginan?

¿Descubrirán (¿será lo justo, Amor?)

que en orden de maldad y peores mañas

nadie a la fecha le ha ganado?

Por lo demás,

Usted lo sabe,

soy un cumplido caballero.

 

Remato con un texto que vale por una obra (Manual de simios, p. 20):

 

Bostezo en seguimiento de instrumentos áfonos,

simulación de reprochables fanfarrias en sistros

y pífanos muertos sobre el polvillo momificado.

 

Armando Adame es por sus méritos un desconocido en la literatura nacional. Mas una paciente pesquisa rindió sus frutos podridos. La fuente: un lóbrego bodegón de las calles de Dinamarca de la ciudad de México, donde se localizan no menos tétricas ciertas oficinas del Instituto Nacional de Bellas Artes. La corrupción administrativa de la inteligencia lo registra en sus nóminas con el carácter de coordinador del taller literario de la Casa de la Cultura de Celaya, Guanajuato.

Antes (tiempos aquellos de Donoso Pareja) en la colección de abominables hidalguías literarias Tierra adentro, había publicado el que al parecer es su primer y único libro expuesto a la curiosidad lectora del presente y a la voracidad nocturna de la posteridad: Era más noche que lo que tiene el día (1980). Por la desorganización campeante en ese antro cultural, no me fue posible conseguir un ejemplar que, naturalmente, me había ya resignado a pagar por ver. Por ello, los ejemplos de que echo mano proceden de la revista Tierra adentro (número 30, abril-junio de 1982) que allí también se edita, y se comercia.

Tiro por viaje:

1) Como lo sabe todo coordinador de talleres literarios avezado, fondo y forma de un poema son inseparables por naturaleza. Así, cumple una retórica de pareja donosura hueca a la oquedad que sueña Onán, el Caballero Solo de la Triste Figura:

 

El amante imperfecto espera el alba

para reencontrar la pequeña soledad.

El espacio del sueño se llena de viajeros

sorprendido por la noche en medio de luz muerta

y entre residuos de hambres tristes.

 

2) No importa que las mujeres sean estériles. Ellas darán a luz cuando dé a luz el Poeta Coordinador:

 

El viajero dice con su escritura

la fatiga implantada en mujeres estériles

secas de partos secas de ternuras

 

3) Onán el Coordinador busca auxilio para las tristes causas de la noche:

 

Las huidizas mujeres de los amaneceres

las mujeres angustia que se pierden

de la posible noche con la tranquila grupa

mordida por la ciencia del viajero varado.

 

Sale y vale.

 

 

Por lo anteriormente expuesto, solicito a usted condene a la parte convocante a 1) la reparación del daño que se me ha infligido, y 2) la indemnización por perjuicios.

1) Sin crédito alguno para ella y con mis derechos de autor a salvo, dentro de un plazo no mayor de un año y en una editorial neutral y prestigiada, la Universidad Autónoma de Zacatecas deberá en su caso de cubrir los gastos de la edición de mi libro a que me fuerza.

2) No es posible, sin caer en el absurdo, valorar en términos de dinero una obra de arte. Para cuantificar el monto de la indemnización he tomado en cuenta los criterios que siguen:

a) la dotación del premio aquí en cuestión;

b) la dotación del premio Juan Ramón Jiménez (de España), en el cual no podré ya participar con mi libro (por ejemplo): un millón de pesetas, hasta 1982;

c) la estimación de que mi obra da cima por el momento a mi experiencia autoral y de lector a lo largo de más de 20 años al servicio de la poesía; y la estimación, asimismo, de que da cima a la suma de mi experiencia vital;

e) la consideración de que mi libro es náufrago a flote de mi agitada travesía por las aguas del teatro. Concretamente: es el resultado de mi caracterización del personaje que le da título, en la puesta en escena de La cabaña de las alondras (Teatro del Estado, Jalapa, 1979), espectáculo original de escritura y representación infantiles, en el cual participamos algunos artistas: el poeta y director teatral Raúl Cáceres, el músico Mateo Oliva, el pintor Jorge Martínez Ruiz y yo mismo, junto con 17 niños cuya belleza es todavía daga ciega en mi corazón. Rey de bastos es el hijo lírico de aquella aventura amorosa y para siempre memorable; y

f) la cuña analítica que pondera que la revelación pública de la autoría de mi inédito me priva en lo inmediato de participar con él en otros certámenes poéticos. A la obtención de los premios que los adornan puedo aspirar legítimamente como cualquier otro poeta en ejercicio.

No tengo por costumbre participar en este tipo de justas floridas. Si lo hice en la ocasión que amerita esta demanda fue por virtud de los vientos de catástrofe que abaten mis bolsillos en los tiempos que corren. Por esto último, no sólo participé en este certamen sino que pensaba hacerlo en algún otro, quizá extranjero y acaso mejor dotado, en el caso de no ganar, y para el año que ya va en curso.

Yo sé muy bien que esto de los premios es una lotería de infamias. Pero siempre que se participa con una obra digna y necesaria (en el sentido rilkeano del término), hay el azar de que se imponga la autenticidad poética frente a las retóricas de la usura. Esta posibilidad es la que ahora me ha sido cercenada de tajo.

Sopesadas las consideraciones anteriores, he decidido cuantificar el monto de la indemnización en un millón de pesos. Comedidamente y en uso de mis derechos, le insto a que condene a la Universidad Autónoma de Zacatecas a pagarme esa suma.

 

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Orlando Guillén nació en Acayucan, Veracruz, el 16 de junio de 1945. Ha publicado poesía, crítica literaria y teatral en el país y en otros.

 

Cantar del pantagruelista, Cuadernos del Estado de México, Toluca, México, 1972.

Libro de la dicha negra, volumen colectivo Noticias contradictorias, Dirección de Difusión Cultural, UNAM, México, 1972.

Canto y celebración de Diana, número inicial de la colección Cuadernos del caballo verde, Universidad Veracruzana, Jalapa, 1974.

Prólogo y edición del libro de poesía, cuento y diario infantil El diablo que se enamoró, Dirección General de Educación Popular, Jalapa, 1975.

Prólogo y edición del libro de poesía, cuento y diario infantil El león que quería volar, Dirección General de Educación Popular, Jalapa, 1974.

Poesía inédita 1970-1978, donde recoge los libros Versario pirata (1970-1974), Títulos del miedo (1976) y Un muerto rema rayo abajo (1978), Dirección General de Educación Popular, Jalapa, 1979.

Prólogo y edición del libro de escritura de teatro infantil La cabaña de las alondras, Dirección General de Cultura Popular, Jalapa, 1979.